Cerca de los treinta

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Ya cerca de los treinta, y después de un año de vida bastante desordenada, conseguí entregar el proyecto. Poco después, jugando al frisbee en el parque de la Estación del Norte, conocí a la mujer con quien aún vivo. Juntos visitamos Bomarzo (finalmente). Y nació una niña, y luego un niño, y tuve el despacho en un lugar, y luego en otro, y tuve un socio, y las cosas nos fueron bastante bien una temporada, y luego no tanto, y me ofrecieron trabajo en un ayuntamiento, y mi socio, que no era de aquí, se volvió a su ciudad, y cerré el despacho, y luego fui a parar a otra administración, que es donde trabajo ahora.

En algún momento de este recorrido leí La hermandad de la uva, de John Fante, y casi antes de terminarla ya me estaba comprando el resto de su obra. Y de todo lo que había empezado a hacer cuando era joven, sólo recuperé la música; curioso. El año que nació mi hijo, un amigo de mi infancia montó una escuela de música. Me pidió que le hiciera un proyecto para reformar el edificio donde la tenía que albergar.

—No querías tocar el saxofón? —me preguntó cuando terminamos las obras.

Y me puse a ello. Con disciplina. Porque sabía que si quería tocar un instrumento debía dedicarle muchas horas. Y así, desde entonces, he ido compaginando mi trabajo con la música y la familia.

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