Infracciones

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El coche que circula delante de mi va a esa velocidad que me pone tan nervioso. Tengo la seguridad de que pasará el semáforo, despacio, en el último segundo de la luz ámbar, y yo ya no lo podré hacer.

Efectivamente.

Decido saltármelo; también lo hace el que viene detrás de mí, que gira hacia la derecha. Entonces veo el coche de la guardia urbana. Instintivamente, lanzo la bolsa de plástico hacia el asiento posterior.

El coche patrulla decide seguirme. El semáforo siguiente está en rojo. Freno. Un sonido breve de sirena, como un flash sonoro muy agudo. Por el retrovisor adivino el último movimiento de la luz azul.

Pongo el intermitente. Cambia a verde, avanzo hasta el chaflán, seguido por la guardia urbana, y me detengo frente a los vehículos aparcados en batería.

Bajo del coche.

Los agentes son un hombre y una mujer. Ella se queda al lado de la puerta y él viene hacia mí.

—Detrás de mi todavía ha pasado otro —le digo.

—No nos podemos dividir. La documentación, por favor.

Mientras busco los papeles, un hombre se acerca al poli.

—Disculpe —le dice señalando a los coches aparcados con un gesto tímido—, tendría que salir.

—Pues se tendrá que esperar.

Y el tío, medio acojonado, vuelve hacia la acera.

Mientras el policía comprueba mi documentación, su compañera me llama desde el otro lado del coche patrulla.

Voy.

—Saque todo lo que lleve en los bolsillos y déjelo sobre el capó —me dice.

El que tiene mis documentos se acerca a nosotros y se los da.

—¿Conducía fumando, bebiendo o comiendo algo? —me pregunta la mujer.

—No.

Cuando termino de sacar todo lo que llevo encima, le echa un vistazo: la cartera, un paquete de chicles, las llaves, un boli, monedas y algún papel arrugado.

—Deles la vuelta a todos los bolsillos.

Lo hago.

Los dos agentes intercambian una mirada.

—¿No fuma? —me pregunta, como si no fumar fuera una cosa rarísima.

—No.

—Abra el coche —dice el hombre, y señala la puerta del acompañante con una linterna que no sé de dónde ha sacado.

Me pongo bien los bolsillos, me los vuelvo a llenar con todo lo que me han hecho sacar y vamos hacia el coche. Abro la puerta y me aparto. Mira por el suelo, debajo del asiento, abre la guantera, la ilumina con la linterna y la vuelve a cerrar. Mi mochila está sobre el asiento, pero no me pide que le enseñe su contenido.

—El maletero —dice.

Vamos hacia allí y lo abro. Hay algunas bolsas, unos cables de batería, una raqueta de squash, los triángulos, un frisbee, pulpos …

No toca nada ni me ordena a mí que lo haga.

La mujer vuelve a estar con nosotros. Ambos me miran con una cara que no sé interpretar.

—Sólo lo denunciaremos por saltarse el semáforo —dice el tío mientras ella me devuelve la documentación a la que ha añadido un papel amarillo.

Se marchan y cierro el capó.

Necesito relajarme un poco. Voy hacia la parte delantera del coche y, de la mochila, saco el encendedor y el porro que me queda de los que he liado esta mañana. Después de encenderlo miro hacia los coches aparcados. El hombre aquel de antes sigue ahí y me mira. Doy una calada y, luego, encojo los hombros con las palmas de las manos mirando hacia arriba y el porro humeando entre mis dedos. El hombre se da la vuelta y entra en su coche. Me acuerdo de la bolsa de plástico. Abro la puerta trasera y la veo en el suelo. Me coloco el porro en los labios, la recojo y con dos dedos saco el trozo de pizza que queda. Está empapado de cerveza, la lata se ha vaciado. Tengo la pizza en una mano, la bolsa chorreando en la otra y estoy haciendo una mueca porque el humo del canuto se me mete en los ojos en el momento en que vuelve a aparecer el coche patrulla.

La mirada del agente me atraviesa desde detrás de la ventanilla; y no tengo tiempo de moverme que su coche vuelve a estar en el lugar que ocupaba un minuto antes y es embestido con una violencia sorprendente por el que sale marcha atrás, el del tío que había estado esperando a que se marcharan.

Supongo que se me han caído la pizza, la bolsa y el porro porque de golpe estoy dentro del coche, con las manos al volante, y conduzco zigzagueando por en medio del tráfico.

@Albert Gassull 2013

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